Hitos Educativos. Revista de Investigación CientíficaVol. 1 (2024), e002 · ISSN-L 3028-9939
Artículo de investigación

Brechas de género en educación: tendencias longitudinales en Puno, Perú

Gender gaps in education: longitudinal trends in Puno, Peru
Sheyla Sophia Talavera Salas · José Humberto Ticona Paucar
¹ Universidad Nacional del Altiplano, Perú · ORCID 0009-0007-5288-8100
² Universidad Nacional de Juliaca, Perú · ORCID 0000-0002-5784-5886
Autor de correspondencia: stalavera@edu.unap.edu.pe
Cómo citar: Talavera Salas, S. S., & Ticona Paucar, J. H. (2024). Brechas de género en educación: tendencias longitudinales en Puno, Perú. Hitos Educativos. Revista de Investigación Científica, 1, e002. https://doi.org/10.62785/hitos.edu.v1.e002
Recibido: 20/02/2024  |  Aceptado: 27/03/2024  |  Publicado: 20/04/2024  |  https://doi.org/10.62785/hitos.edu.v1.e002
PALABRAS CLAVEalfabetización
brecha de género
educación
desigualdad educativa
Puno

RESUMEN

En Puno, las desigualdades educativas entre mujeres y hombres han disminuido en las últimas décadas, aunque persisten diferencias en alfabetización y logro educativo. El estudio analiza la evolución de estas brechas en población de 15 años y más durante 2001–2022. Se empleó un enfoque cuantitativo, descriptivo y longitudinal, con información del Instituto Nacional de Estadística e Informática. Se examinaron el analfabetismo, los años promedio de estudio y la educación primaria como máximo nivel alcanzado. El analfabetismo femenino disminuyó de 29,8 % a 12,6 %, y en hombres pasó de 6,5 % a 2,2 %. Los años de estudio aumentaron de 7,9 a 9,5 en mujeres y de 9,1 a 10,3 en hombres. Pese a los avances, la desventaja femenina persistió, por lo que se requiere fortalecer la alfabetización adulta, la continuidad educativa y la atención de desigualdades territoriales y socioeconómicas.

KEYWORDSliteracy
gender gap
education
educational inequality
Puno

ABSTRACT

In Puno, educational inequalities between women and men have declined in recent decades, although differences in literacy and educational attainment persist. This study analyzes the evolution of these gaps among the population aged 15 years and older between 2001 and 2022. A quantitative, descriptive, and longitudinal approach was used, based on data from Peru’s National Institute of Statistics and Informatics. The analysis considered illiteracy, average years of schooling, and primary education as the highest level attained. Female illiteracy declined from 29.8% to 12.6%, while among men it fell from 6.5% to 2.2%. Average years of schooling increased from 7.9 to 9.5 for women and from 9.1 to 10.3 for men. Despite these improvements, women remained disadvantaged, highlighting the need to strengthen adult literacy, educational continuity, and responses to territorial and socioeconomic inequalities.

Introducción

La educación constituye uno de los principales medios para ampliar las oportunidades de las personas y mejorar sus condiciones de vida. Su importancia no se limita a la adquisición de conocimientos, sino que también se relaciona con la posibilidad de acceder a mejores empleos, participar en la vida social y política, ejercer derechos y tomar decisiones con mayor autonomía. Por ello, las desigualdades en el acceso, permanencia y logro educativo tienen efectos que trascienden el ámbito escolar y se reflejan en otras dimensiones del bienestar. Estas desigualdades adquieren especial relevancia cuando afectan de manera diferenciada a mujeres y hombres, debido a que pueden reproducir desventajas acumuladas a lo largo de la vida.

En las últimas décadas se han registrado avances importantes en la ampliación del acceso a la educación y en la reducción del analfabetismo. Sin embargo, estos progresos no han beneficiado de la misma manera a toda la población. En diversos contextos latinoamericanos persisten diferencias vinculadas con el sexo, la condición socioeconómica, el lugar de residencia y las oportunidades disponibles en cada territorio. Las mujeres que viven en zonas rurales o en hogares con mayores niveles de pobreza suelen enfrentar mayores dificultades para continuar su trayectoria educativa, especialmente cuando las responsabilidades domésticas, el trabajo familiar no remunerado y determinadas prácticas culturales limitan el tiempo y los recursos destinados a su formación (Beltrán et al., 2019).

Estas desigualdades deben entenderse como el resultado de procesos sociales que se acumulan durante largos periodos. Huepe et al. (2023) señalan que las brechas educativas no dependen únicamente de la disponibilidad de servicios educativos, sino también de las condiciones económicas y sociales que acompañan las trayectorias de las personas. En el caso de las mujeres, las restricciones pueden comenzar desde edades tempranas y prolongarse durante la vida adulta. Las responsabilidades de cuidado, la incorporación temprana al trabajo doméstico y las expectativas familiares sobre los roles de género pueden disminuir las posibilidades de completar los niveles educativos previstos. En esa misma dirección, IIPE UNESCO y CLADE (2021) destacan la necesidad de analizar las desigualdades educativas considerando las condiciones particulares de los grupos que históricamente han enfrentado mayores desventajas.

La relación entre género y educación adquiere una importancia particular en regiones como Puno, donde las características territoriales, rurales y socioeconómicas configuran escenarios educativos diversos. La información producida por el Instituto Nacional de Estadística e Informática ha mostrado que las diferencias entre mujeres y hombres continúan siendo visibles en indicadores como el analfabetismo y el nivel educativo alcanzado (INEI, 2021). Estas diferencias no necesariamente se expresan de la misma manera a lo largo del tiempo. Mientras algunos indicadores pueden mostrar una reducción de las brechas, otros pueden avanzar con mayor lentitud o mantener distancias importantes entre ambos grupos. Por esta razón, resulta necesario observar su evolución durante periodos prolongados y no limitar el análisis a un solo año.

El analfabetismo constituye uno de los indicadores más sensibles para identificar estas desigualdades. No saber leer ni escribir restringe el acceso a información, dificulta la realización de trámites cotidianos y reduce las posibilidades de participación en determinadas actividades económicas y sociales. Esta situación puede ser particularmente significativa entre mujeres adultas que tuvieron un acceso limitado a la educación durante su infancia o juventud. Martínez y Fernández (2010) señalan que el analfabetismo se encuentra estrechamente relacionado con condiciones de pobreza y exclusión, mientras que Montero (2006) advierte que las desigualdades educativas en contextos rurales también responden a trayectorias históricas y a las condiciones en las que las familias organizan sus recursos y prioridades educativas.

Las diferencias en los años de estudio alcanzados representan otra dimensión importante del problema. Una mayor permanencia en el sistema educativo amplía las posibilidades de desarrollar conocimientos y capacidades, pero también puede favorecer una mejor inserción laboral y una mayor autonomía personal. Desde el enfoque de capacidades, Sen (2000) plantea que la educación constituye una libertad fundamental porque amplía las posibilidades reales de las personas para elegir el tipo de vida que desean llevar. En este sentido, una menor acumulación de años de estudio entre las mujeres no solo expresa una desigualdad educativa, sino que puede reducir sus oportunidades de participación económica, social y ciudadana.

Las consecuencias de estas diferencias se extienden a otros ámbitos de la vida. Trucco (2014) señala que las desigualdades educativas pueden relacionarse con una inserción laboral más precaria y con menores posibilidades de acceder a determinados recursos y oportunidades. Del mismo modo, Verdera (2007) sostiene que las restricciones educativas forman parte de procesos más amplios de pobreza y exclusión social. Cuando las mujeres alcanzan menores niveles educativos, las limitaciones pueden manifestarse en el acceso al empleo formal, en los ingresos, en la participación pública y en la capacidad de acceder y comprender información relacionada con salud, derechos y servicios del Estado.

Aunque las políticas de alfabetización, ampliación de cobertura y educación inclusiva han contribuido a mejorar numerosos indicadores, la permanencia de diferencias entre mujeres y hombres muestra que el aumento general de los niveles educativos no implica necesariamente la desaparición de las desigualdades. Rocha y Cruz (2013) y Ruiz (2021) destacan la importancia de considerar enfoques que respondan a las características específicas de las poblaciones y territorios, debido a que las brechas pueden persistir incluso cuando los indicadores generales muestran mejoras.

En este contexto, resulta relevante analizar no solo la situación educativa de mujeres y hombres en un momento determinado, sino también la dirección que han seguido estas diferencias a través del tiempo. Una perspectiva longitudinal permite observar si las distancias se reducen, permanecen relativamente estables o se amplían, y aporta elementos para comprender mejor la evolución de las desigualdades educativas en la región. Por ello, el presente estudio tiene como objetivo analizar las tendencias de las brechas de género en educación entre mujeres y hombres de 15 años y más en la región Puno, Perú, durante el periodo 2001–2022, considerando la evolución de la tasa de analfabetismo, el promedio de años de estudio y la proporción de población cuyo máximo nivel educativo alcanzado fue la educación primaria.

Metodología

Diseño y unidad de análisis

Se desarrolló un estudio cuantitativo, observacional, descriptivo y longitudinal (Batthyány & Cabrera, 2011), orientado a examinar la evolución de las brechas de género en educación en la región Puno. El análisis se basó en series anuales de información secundaria correspondientes a mujeres y hombres de 15 años y más. La unidad de análisis estuvo constituida por indicadores educativos agregados según sexo. El periodo de estudio comprendió los años 2001–2022 para la tasa de analfabetismo, mientras que el promedio de años de estudio y la proporción de población con educación primaria como máximo nivel alcanzado estuvieron disponibles hasta 2021.

Fuentes e indicadores

La información se obtuvo de publicaciones y tabulados elaborados por el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), principalmente a partir de la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) y de reportes sobre brechas de género. Se analizaron tres indicadores: a) tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más; b) promedio de años de estudio alcanzado; y c) proporción de personas de 15 años y más cuyo máximo nivel educativo fue la educación primaria. Para cada indicador se consideraron los valores anuales diferenciados por sexo, con el propósito de observar su evolución y la magnitud de las brechas entre mujeres y hombres.

Procesamiento y análisis

Las series fueron organizadas por año y sexo para facilitar su comparación longitudinal. Se examinaron los cambios registrados durante el periodo y se calcularon diferencias absolutas entre mujeres y hombres, expresadas en puntos porcentuales para los indicadores de analfabetismo y nivel educativo, y en años para el promedio de escolaridad. El análisis se centró en describir la evolución de los indicadores, identificar variaciones en el tiempo y establecer si las brechas educativas tendieron a reducirse, mantenerse o ampliarse. Debido al carácter descriptivo del estudio, no se realizaron pruebas inferenciales ni se formularon afirmaciones sobre significancia estadística.

Consideraciones éticas

El estudio utilizó exclusivamente información secundaria de acceso público, presentada de manera agregada y sin datos personales identificables. No se requirió intervención directa con participantes ni acceso a información individual. Durante el procesamiento se mantuvieron los valores reportados por las fuentes oficiales y se respetó la atribución correspondiente al Instituto Nacional de Estadística e Informática.

Resultados

Tasa de analfabetismo

Tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más, según sexo, Puno, 2001–2022
Figura 1Tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más, según sexo, Puno, 2001–2022Nota. Elaboración a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la Encuesta Nacional de Hogares y reportes sobre brechas de género, 2001–2022.

La tasa de analfabetismo de la población de 15 años y más en la región Puno disminuyó de manera progresiva entre 2001 y 2022, aunque las mujeres mantuvieron niveles considerablemente superiores a los hombres durante todo el periodo analizado (Figura 1). En la población femenina, la tasa descendió de 29,8 % en 2001 a 12,6 % en 2022, mientras que en los hombres pasó de 6,5 % a 2,2 %. Aunque la reducción fue importante en ambos grupos, la distancia entre mujeres y hombres persistió a lo largo de los años. La evolución observada evidencia avances en la disminución del analfabetismo, especialmente entre las mujeres, pero también muestra que la población femenina continuó enfrentando una situación educativa más desfavorable. Estos resultados indican que la mejora registrada no fue suficiente para cerrar la brecha por sexo en este indicador educativo.

Promedio de años de estudio

Promedio de años de estudio de la población de 15 años y más, según sexo, Puno, 2001–2021
Figura 2Promedio de años de estudio de la población de 15 años y más, según sexo, Puno, 2001–2021Nota. Elaboración a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la Encuesta Nacional de Hogares y reportes sobre brechas de género, 2001–2021.

El promedio de años de estudio de la población de 15 años y más en la región Puno aumentó entre 2001 y 2021, tanto en mujeres como en hombres, aunque los varones mantuvieron valores superiores durante todo el periodo analizado (Figura 2). En los hombres, el promedio pasó de 9,1 años en 2001 a 10,3 años en 2021, mientras que en las mujeres aumentó de 7,9 a 9,5 años. La brecha entre ambos grupos se redujo de 1,2 años al inicio del periodo a 0,8 años en 2021, lo que muestra una aproximación gradual entre las trayectorias educativas de mujeres y hombres.

En las mujeres se observó una evolución generalmente ascendente, con algunas disminuciones puntuales, como las registradas en 2005 y 2016, seguidas de una recuperación posterior. En los hombres también se aprecia una trayectoria favorable, con valores cercanos o superiores a 10 años desde 2010 y un promedio de 10,3 años al cierre del periodo. En términos generales, los resultados evidencian una mejora sostenida del nivel educativo medio en Puno, aunque la ventaja masculina persistió a lo largo de los años analizados.

Educación primaria como máximo nivel alcanzado

Población de 15 años y más con educación primaria como máximo nivel alcanzado, según sexo, Puno, 2001–2021
Figura 3Población de 15 años y más con educación primaria como máximo nivel alcanzado, según sexo, Puno, 2001–2021Nota. Elaboración a partir de datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), la Encuesta Nacional de Hogares y reportes sobre brechas de género, 2001–2021.

En la población de 15 años y más de la región Puno, la proporción de personas cuyo máximo nivel educativo alcanzado fue la educación primaria disminuyó entre 2001 y 2021, aunque la reducción fue más marcada en los varones que en las mujeres (Figura 3). En las mujeres, el indicador pasó de 37,5 % en 2001 a 28,8 % en 2021, mientras que en los hombres descendió de 30,2 % a 18,4 %. A lo largo del periodo, las mujeres mantuvieron porcentajes superiores, pese a las variaciones registradas en algunos años. En los varones se observó una disminución más sostenida, especialmente desde mediados de la década de 2000. La diferencia entre ambos grupos permaneció durante todo el periodo y fue mayor hacia los últimos años analizados, lo que muestra que la desventaja educativa femenina persistió pese a la reducción general del indicador.

Discusión

Los resultados muestran que las brechas educativas entre mujeres y hombres en la región Puno se redujeron durante las dos primeras décadas del siglo XXI, aunque no desaparecieron. La evolución observada en los tres indicadores analizados, analfabetismo, años promedio de estudio y educación primaria como máximo nivel alcanzado, evidencia mejoras para ambos sexos, pero también una persistente desventaja femenina. Esta situación coincide con lo señalado por Martínez y Fernández (2010), Alcaraz y Vázquez (2020) y Ruiz (2021), quienes advierten que la expansión de las oportunidades educativas no necesariamente elimina las desigualdades asociadas con el género, especialmente cuando estas se relacionan con condiciones económicas, territoriales y culturales que se acumulan a lo largo de la vida.

Uno de los resultados más claros corresponde a la evolución del analfabetismo. Entre 2001 y 2022, la tasa disminuyó tanto en mujeres como en hombres, pero la distancia entre ambos grupos permaneció durante todo el periodo. En las mujeres, el indicador pasó de 29,8 % a 12,6 %, mientras que en los hombres descendió de 6,5 % a 2,2 %. La reducción fue, por tanto, considerable en términos absolutos para la población femenina; sin embargo, al finalizar el periodo, la tasa de analfabetismo de las mujeres continuaba siendo varias veces superior a la registrada entre los hombres. Más que interpretar este resultado como una ausencia de progreso, debe entenderse como evidencia de que los avances se produjeron sobre condiciones iniciales profundamente desiguales.

Esta persistencia puede estar vinculada con experiencias educativas diferenciadas entre generaciones de mujeres, particularmente aquellas que crecieron en zonas rurales o en hogares con mayores restricciones económicas. Rocha y Cruz (2013) señalan que las responsabilidades domésticas, las uniones tempranas y las menores oportunidades de continuidad educativa pueden limitar la trayectoria escolar femenina. En regiones con una importante población rural, como Puno, estas condiciones adquieren especial relevancia porque las dificultades de acceso se combinan con distancias geográficas, disponibilidad desigual de servicios y expectativas familiares sobre las responsabilidades de mujeres y hombres. Huepe et al. (2023) sostienen que las desigualdades educativas deben analizarse considerando esas condiciones estructurales y no únicamente como resultado de decisiones individuales.

El segundo indicador confirma también una evolución favorable, aunque incompleta. El promedio de años de estudio aumentó en ambos sexos entre 2001 y 2021. Las mujeres pasaron de 7,9 a 9,5 años de escolaridad, mientras que los hombres aumentaron de 9,1 a 10,3 años. La brecha se redujo de 1,2 años al inicio del periodo a 0,8 años en 2021. Esta aproximación gradual entre ambos grupos es relevante porque muestra que las mujeres han incrementado su permanencia en el sistema educativo y que las diferencias históricas se han ido acortando. De la Cruz Flores (2017) señala que la expansión educativa ha contribuido a reducir diversas desigualdades, aunque Guadalupe et al. (2017) advierten que una disminución de las diferencias no equivale necesariamente a su desaparición.

Los resultados deben leerse precisamente desde esa perspectiva. Un aumento de 7,9 a 9,5 años de estudio entre las mujeres representa un avance importante, pero el hecho de que los hombres mantengan un promedio superior durante todos los años analizados indica que persisten condiciones diferenciadas en las trayectorias educativas. IIPE UNESCO y CLADE (2021) han señalado que las desigualdades de género pueden manifestarse no solo en el ingreso al sistema educativo, sino también en la permanencia, continuidad y culminación de determinados niveles. En este sentido, las diferencias observadas en Puno podrían estar relacionadas con factores económicos, familiares y culturales que afectan de manera distinta las posibilidades de continuidad educativa.

Benavente y Valdés (2014) y Ruiz (2021) destacan que la pobreza y la distribución desigual del trabajo doméstico y de cuidado continúan afectando las oportunidades educativas de muchas mujeres. Estas condiciones pueden adquirir mayor peso cuando las familias atraviesan restricciones económicas y deben decidir cómo distribuir recursos, tiempo y responsabilidades. Por ello, la reducción de la brecha en años de estudio constituye un avance, pero no permite afirmar que mujeres y hombres dispongan actualmente de las mismas oportunidades educativas. Los datos muestran una aproximación progresiva, aunque todavía incompleta.

El tercer indicador analizado refuerza esta interpretación. La proporción de personas de 15 años y más cuyo máximo nivel educativo alcanzado fue la educación primaria disminuyó entre 2001 y 2021. En las mujeres, el porcentaje pasó de 37,5 % a 28,8 %, mientras que en los hombres descendió de 30,2 % a 18,4 %. La disminución registrada en ambos grupos indica que una mayor proporción de la población consiguió avanzar hacia niveles educativos posteriores. Sin embargo, las mujeres mantuvieron porcentajes superiores durante todo el periodo, y la diferencia entre ambos sexos continuó siendo considerable en 2021.

Este resultado resulta especialmente importante porque permite observar que la desigualdad no se limita al analfabetismo. Incluso entre quienes accedieron a la educación formal, una proporción mayor de mujeres permaneció únicamente con educación primaria como máximo nivel alcanzado. Cuenca y Urrutia (2019) han señalado que las desigualdades educativas deben analizarse también desde las posibilidades reales de progresión dentro del sistema. En esa misma dirección, Huepe et al. (2023), Moreno y Anderson (2011) y Trucco (2014) destacan que las brechas de género pueden expresarse en la continuidad de las trayectorias educativas y en el acceso a niveles de formación que amplían las posibilidades de inserción laboral y participación social.

Las condiciones territoriales también pueden contribuir a explicar parte de estas diferencias. Montero (2006) advierte que la educación rural se desarrolla en contextos donde la disponibilidad de servicios, los costos de desplazamiento, las actividades económicas familiares y las relaciones de género pueden influir sobre la continuidad escolar. En Puno, estas dimensiones resultan relevantes para comprender por qué la mejora de los indicadores no ha producido una convergencia completa entre mujeres y hombres. Los datos analizados no permiten establecer causalidad, pero sí muestran que la desventaja femenina permanece de manera consistente en los tres indicadores considerados.

Las implicaciones trascienden el ámbito estrictamente educativo. Desde el enfoque de capacidades, Sen (2000) sostiene que la educación amplía las libertades reales de las personas y fortalece su capacidad para participar en las decisiones que afectan sus vidas. Menores niveles educativos pueden limitar el acceso al empleo formal, reducir las posibilidades de generación de ingresos y restringir la participación social y política. Por ello, las brechas observadas en Puno no deben considerarse únicamente como diferencias estadísticas, sino como expresiones de desigualdades que pueden influir en otras dimensiones del bienestar y reproducirse entre generaciones.

En consecuencia, las políticas educativas orientadas a reducir las desigualdades de género requieren considerar tanto a las generaciones jóvenes como a las mujeres adultas que acumulan mayores desventajas educativas. La alfabetización de personas adultas continúa siendo necesaria, pero debe complementarse con estrategias que favorezcan la continuidad educativa, reduzcan las barreras asociadas con la pobreza y atiendan las características de los territorios rurales. Tovio Flórez (2017) destaca la importancia de incorporar un enfoque de género en las políticas educativas, mientras que De Belaunde (2011) subraya la necesidad de considerar las particularidades de los contextos rurales.

Conclusiones

Los resultados muestran que las brechas educativas entre mujeres y hombres en la región Puno se redujeron entre 2001 y 2022, pero no llegaron a desaparecer. El analfabetismo disminuyó en ambos sexos, el promedio de años de estudio aumentó y se redujo la proporción de personas cuyo máximo nivel educativo alcanzado fue la educación primaria. Sin embargo, las mujeres mantuvieron una situación menos favorable durante todo el periodo analizado, con mayores tasas de analfabetismo, menor promedio de años de estudio y una mayor proporción concentrada en educación primaria como nivel máximo alcanzado.

Estos avances reflejan una mejora sostenida de las condiciones educativas en la región, aunque también evidencian que la igualdad educativa todavía constituye un desafío pendiente. La persistencia de las diferencias por sexo sugiere la necesidad de fortalecer políticas orientadas a la alfabetización de mujeres adultas, la continuidad educativa y la reducción de las desigualdades territoriales y socioeconómicas. Asimismo, futuras investigaciones podrían profundizar en los factores que explican estas brechas y evaluar su relación con variables como ruralidad, pobreza, lengua materna, acceso a servicios educativos y participación laboral.

Declaraciones editoriales

Contribuciones de autoría (CRediT):

Sheyla Sophia Talavera Salas: Conceptualización; metodología; investigación; análisis formal; curación de datos; redacción del borrador original y edición del manuscrito.

José Humberto Ticona Paucar: Investigación; análisis formal; visualización; supervisión; redacción y revisión.

Financiamiento: Esta investigación no recibió financiamiento externo.

Conflictos de interés: Las personas autoras declaran no tener conflictos de interés.

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